Parte de cero, como rueda eterna, como girasol mórbido que sigue al sol y vuelve a su punto muerto, sin doblar el cuello, sin mirar lo lejos que se encuentra el vaso sobre la mesa. La sed y yo, el vaso y el agua, el aire en el cielo, lo poco en el suelo. La ropa sin lavar, el traje sin coser, los zapatos sin lustrar. La fiebre que sube fría por tu huesuda espalda, y mis manos nerviosas que no saben qué hacer. Tu boca se abre, ese espacio eterno de calor, humedad y rabia, donde viven las cosas más dulces, las preguntas más tontas, y la mejor, la mejor de las risas, que suena como agua en el techo llovido, como copa que delicadamente se quiebra en la alfombra. A veces aparecen canciones, canciones y huracanes. Besos, gritos, susurros, pedazos de nubes que pasan despacio a mis oídos y hacen cosquillas. Algunos días me reía, otros no tanto. A veces tu lloras... y yo me quedo en silencio en esta eternidad de frío y angustia, cuando la llovizna moja la calle y los pies se me congelan, cuando contemplo los lugares donde alguna vez nos miramos, y me sacaste la lengua.
miércoles, 12 de octubre de 2011
Lo que falta, lo que sobra, lo que se pierde.
Parte de cero, como rueda eterna, como girasol mórbido que sigue al sol y vuelve a su punto muerto, sin doblar el cuello, sin mirar lo lejos que se encuentra el vaso sobre la mesa. La sed y yo, el vaso y el agua, el aire en el cielo, lo poco en el suelo. La ropa sin lavar, el traje sin coser, los zapatos sin lustrar. La fiebre que sube fría por tu huesuda espalda, y mis manos nerviosas que no saben qué hacer. Tu boca se abre, ese espacio eterno de calor, humedad y rabia, donde viven las cosas más dulces, las preguntas más tontas, y la mejor, la mejor de las risas, que suena como agua en el techo llovido, como copa que delicadamente se quiebra en la alfombra. A veces aparecen canciones, canciones y huracanes. Besos, gritos, susurros, pedazos de nubes que pasan despacio a mis oídos y hacen cosquillas. Algunos días me reía, otros no tanto. A veces tu lloras... y yo me quedo en silencio en esta eternidad de frío y angustia, cuando la llovizna moja la calle y los pies se me congelan, cuando contemplo los lugares donde alguna vez nos miramos, y me sacaste la lengua.
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